El Pirata @PirataEcdqemsd | 25 de Septiembre de 2026 | ECDQEMSD Podcast
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Bienvenidos a otro día en este universo donde tienen sentido cosas que no tienen sentido en ningún otro.
Un ejemplo de eso es cumplir un objetivo nunca planeado, como llegar a 6400 emisiones de algo llamado En Caso de que el Mundo se Desintegre.
Un universo hecho de palabras, de historias y de significados. Sentidos que solo poseen registro entre quienes asisten al ritual y conocen de qué se trata.
Preguntas que flotan en el tiempo, respuestas que nunca llegarán y tampoco se esperan.
¿Vale la pena no querer negociar? ¿Es falta de maduración seguir soñando? ¿Se puede no priorizar las ganancias? ¿Habrá cosas que no compre el dinero? ¿Vale la pena morir de amor? ¿Sufrir sin más testigo que mi propio ser? ¿Tiene sentido la esperanza o es una trampa del sistema? ¿Las luchas perdidas también hay que pelearlas?
En la barricada pocos están peleando por sí mismos. Lo hacen por otros, por los que dejaron todo para marcar el camino, por los que vienen atrás, por los que aún no despertaron y calentarán el café cuando con suerte regresemos de la lucha.
Nos gusta imaginar la ciudad así, como un instante, como un lejano titilar de luces donde laten vidas.
Vidas diferentes y similares, únicas y parte de un todo. Desintegrándose en la inmensidad del cosmos pero concentrando una experiencia única y relativa al todo.
La periferia, la marginalidad, lo que no se ve, lo que se siente.
Suena la radio en el aire, late en tus sienes. Otro día sin explicación. Otro número que tiende a un imposible.
En tu cabeza todas las cosas que pudieron haber salido mejor.
En tu cabeza todos tus deseos y frustraciones. Lo dado por hecho y aquello por lo que habrá que esforzarse.
Alguien hace ruido con un motor. La señora camina con paso firme. Alguien comenta algo en la sala de un hospital. Ella espera el paso del semáforo. El mira fijo el túnel para ver si viene el gusano subterráneo que lo depositará en las ocho horas de oficina.
En la selva, en la montaña, al borde del rio, en el desierto, en la gran ciudad. Navegando para llegar a tiempo. El sonido de las compuertas. El agua golpeando las piedras.
Todo al mismo tiempo, todo el mundo, todo en un segundo.
Nos sentamos frente al micrófono. Fantaseando que es necesario.
Un acto realizado miles y miles de veces. Siempre diferente.
Escuchen lo que ustedes mismos tienen para decir.
Conciencia, resistencia, estemos listos siempre, estemos concentrados en el horizonte. Allí donde todo aparece y desaparece.
Allí donde vimos el primer sol; un instante transformador aunque no recordemos el exacto momento. Allí donde la certeza se posa para decirnos que mañana volverá a salir.
Sí, fuimos jóvenes, fuimos viejos, fuimos torpes, fuimos lentos, fuimos débiles, fuimos fuertes, fuimos heroicos, inconscientes y contundentes; fuimos lo que pudimos ser y seguiremos siendo lo que podamos.
Acompañándonos ante el horror. Nunca acostumbrándonos.
El mundo resultó ser más duro, más violento, más inexplicable, más injusto, más cruel, más oscuro, más perverso de lo que cualquier inocencia pueda imaginar.
Y entonces qué tiene sentido?
La otra cara. La de alguien inesperado estrechando la mano, la de unos ojos luminosos, la de un plato caliente en una noche de invierno, un trago entre conversaciones, un abrazo. Frente al abismo? ¿por qué no?
Que nadie te quite el derecho a sonreír. Que no te quieran convencer de que no hay espacio para eso.
Y se puede sonreír en un sistema opresor y represivo, entre negocios de armas, drogas y esclavismo.
No solo se puede, se debe. Por los que no tuvieron tiempo, por los que quedaron en el camino, por los que nos desearon instantes de felicidad, por los que nos regalaron su tiempo, por los que nos llevaron a lugares desconocidos.
Tenemos derecho a sonreír, a decir, a ironizar, a menospreciar al tirano.
Tenemos la poderosa arma de imaginar esclavo al esclavizador, golpeado al golpeador, humillado al soberbio, perdido al traidor.
Llevamos años juntos hablando de noticias, de novedades, de asuntos propios y ajenos, de historias, de personas, de sensaciones, de emociones, de caminos que no van a ningún lugar porque son el lugar en sí.
Hay cosas que no se pueden lograr solo, que no se pueden hacer solo. Gracias por estar allí dándole sentido a este espacio creado en la fantasía de que alguien, en todo el universo, escuche lo mucho o poco que tenemos para decir.
Y empezamos gritándolo. Y empezamos imaginando. Y empezamos viendo como todo se hacía realidad.
En Caso de que el Mundo se Desintegre ya no estábamos solos.
Salimos de casa al ciber. El mundo iba cambiando. Hubo gobiernos que jamás imaginamos. Escándalos que hoy serían apenas un chisme. La violencia en las calles lo tiñó todo. No aprendimos nada de las guerras. No paramos de entregar premios a los descarados que llevan el mundo al desastre.
Siglo XXI ya quemó un cuarto como un cometa iluminando el firmamento. Algo quedará de todo esto.
En Caso de que el Mundo se Desintegre sigue al aire. Hoy cumple 6400 emisiones.
No hay más nada que decir. Es parte nuestra, es parte tuya, tuya y tuya.
Es un espejo hecho de pedazos.
Un lugar donde defendemos por sobre todo nuestro derecho a sonreír.
Hasta cuando es irremediable, hasta cuando es imposible.
Porque la sonrisa en cualquier contexto no será un signo de renuncia, derrota, resignación o debilidad. Por el contrario, será aquello que te eleva, te ilumina y te dará la oportunidad de no juzgarte tan duro, de sentir el orgullo de lo logrado, de comprenderte y hasta perdonarte para seguir echándole ganas.
En este universo hecho de palabras que significan historias y sentimientos, peleando como cada día por el derecho a sonreír...
Damas y caballeros: bienvenidos al kaos total!!!




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