Ernesto "Che" Guevara: Su rostro se hizo
bandera, remeras y hasta se transformó en tatoo, en un intento que roza
más lo marketinero que la veneración. Sin duda el homenaje que le
faltaba, y que más le hubiera gustado, es el que le hicieron en Jesús
María, Córdoba, Argentina, al convertir su nombre en un club de
fútbol.
El hombre, las balas, la leyenda…
Cuando en la mañana de aquel 9 de octubre de 1967
le dieron al sargento Mario Terán la orden de asesinar al prisionero que
estaba en ese cuarto, supo que no sería algo sencillo. Por eso pese a
que el recluso Ernesto Guevara Lynch, el Che, estaba atado de pies y
manos y, obviamente desarmado, tuvo que ingerir varias botellas de
whisky para tomar el coraje que le permitiera ejecutar la misión.
Paradójicamente a 40 años de aquella ejecución, este sargento boliviano
fue operado gratuitamente por médicos cubanos para devolverle la visión
que estaba debilitada por cataratas. Cataratas que no tuvo en aquel
entonces para hacer blanco en el pecho del guerrillero y dar vida a la
leyenda.
Sus dos pasiones
La familia Guevara tuvo que abandonar Rosario para
irse a vivir a Córdoba, puesto que el pequeño Ernesto, de 4 años, sufría
asma crónica y el aire de las sierras era más puro para sus débiles
pulmones. Así fue que llegaron a la provincia mediterránea en 1932. Allí
creció Ernesto, entre las lecturas de Tom Sawyer y el Rugby. Fue cuando
entró a la facultad de medicina y realizó su primer viaje por Sudamérica
que la historia cambió. Sus planes turísticos variaron para
transformarse en compromiso y decidió dejarlo todo para escalar en
motocicleta, y con su amigo Alberto Granado como fiel ladero, América
latina.
Y fue en Colombia, más precisamente en Leticia, a
orillas del río Amazonas donde el Che escribió su mejor página en el
deporte. Defendiendo el arco del Independiente local atajó un penal en
la final de un torneo relámpago que le llevo a escribir en su diario lo
siguiente: “hoy me ataje un penal que va a quedar para siempre en la
historia de Leticia”.
Aún no sabía que quedaría en la historia por algo
mucho más grande que un gol evitado…
La Revolución después del Che
El Club Social, Atlético y Deportivo Ernesto
“Che” Guevara se encuentra en Jesús María, Córdoba. La cara del
hombre-leyenda se puede ver estampada en las banderas que los fanáticos
revolean en las tribunas, o en el pecho inflado de orgullo de cada uno
de los jugadores que visten la casaca “rojo socialista” del club. Este
“Che” no combate en las sierras bolivianas, ni en aquella cuba
revolucionaria. El “Che” cordobés lo hace en la Liga Regional Colón y se
la juega ante el Quilmes de Villa Allende, el Bochas y Agrarias de
Colonia Caroya, el Falucho o el Alianza de Jesús María, su clásico
rival. El club no tiene cancha, hace de local en Bochas y Agrarias, y la
personería jurídica es la casa de su presidenta y fundadora Mónica
Nielsen.
El Club Ernesto “Che” Guevara subsiste gracias al
aporte de dos sponsors y a lo que se recauda en el buffet los días del
partido, puesto que no le cobra una cuota social a sus socios ya que
según su presidenta “el deporte debe ser un derecho, como la educación”.
El Social, Atlético y Deportivo anda por el fondo
de la tabla…, que más da. Lo importante es hacer de este club una
escuela del deporte, es difícil. Pero como decía el Che: “Seamos
realistas, soñemos lo imposible”