Las grandes tragedias suceden en los lugares menos pensados. Nadie
suponía que en esa fiesta deportiva, un gol agónico desataría la
mayor tragedia deportiva de la historia rusa.
La década del ochenta, era la época de
esplendor del comunismo, de plena guerra fría. Y pese al débil
estado de salud de su Primer Ministro Leonid Brezhnev, y de la
inminente crisis, las autoridades de la Unión de Republicas
Socialistas Soviéticas con Yuri Andropov (el sucesor natural de
Brezhnev) a la cabeza se encargaban de que el pueblo permanezca
alejado de todo esto. El comunismo se había erigido ante el mundo
como un “modelo de sociedad perfecta” gracias al impecable
desarrollo de los Juegos Olimpicos de Moscú en 1980 y a la destacada
labor de sus atletas. Nada que implique un síntoma de debilidad
debía saberse, ni la muerte de su Primer Ministro, ni la de 340
inocentes…
El escenario.
El “Gran Arena Central Estadio Lennin”, luego
rebautizado como Luzhniki Stadium, se eleva en el sur de
Moscú muy cerca del rió Moskova, entre las estaciones Sportinavya y
Vorobievy Gory del metro de Moscú. Tiene capacidad para
84.745 espectadores y en el ejercen su localía el Torpedo FC y el
Spartak Moscú. Este último fue uno de los protagonistas de la
noche más trágica del deporte soviético.
Aquel fatídico encuentro
El otoño de 1982 fue mas frío de lo habitual,
quizás por eso solo 10 mil personas acudieron al encuentro semifinal
de la Copa UEFA entre el Spartak local y el Haarlem
FC holandés. En la Unión Soviética estaba prohibida la entrada
de los menores de 16 años a cualquier espectáculo nocturno, los
jóvenes solo podían acudir acompañados por un mayor. Por eso la
policía moscovita decidió habilitar solo una entrada para el ingreso
y egreso del público a fin de poder controlar mejor a la
concurrencia.
Con el Spartak arriba en el marcador por 1 a
0, el partido ya en tiempo de descuento y viendo que el frió no
amainaba, gran parte de la concurrencia decidió emprender el camino
de regreso. Todo transcurría en paz hasta que Sergei Shvetson
convirtió un gol que todavía hoy lamenta. Fue el 2 a 0, la
posibilidad de llegar más cómodo a la revancha y la explosión de
felicidad que devendría en tragedia. Es que mucha gente que se
estaba yendo intentó retornar atraídos por los gritos extasiados que
venían de las gradas. En solo segundos las escaleras que conducían
al único acceso se convirtieron en una trampa mortal. Gente que iba,
gente que venia, zapatos que se hundían en la nieve, algún resbalón
fatal, pies que ya no pisaban suelo sino humanos… la avalancha sin
control y la poca iluminación terminaron de condimentar la tragedia.
A la mañana siguiente el diario Vecheryaya
Moska publicó que hubo un pequeño accidente con algunos espectadores
heridos. Las autoridades reconocieron oficialmente 66 muertos que,
en realidad, son 340. Los cuerpos fueron entregados a sus familiares
13 días después y por solo 40 minutos, antes del funeral masivo.
Por varios años no se programaron encuentros
durante el mes de octubre en el Luzhniki, para evitar que familiares
lleven flores o fotos de sus deudos. Hoy se los recuerda con un
monumento dentro del estadio, ubicado a la derecha de la estatua de
Lennin.
Trescientos cuarenta vidas que se perdieron, y
siempre fueron ocultadas. Ayer para sostener el régimen. Hoy para
sostener la fiesta final de la Champion`s .